
Fue la primera persona que vio cuando entró. Tan guapo que ella bajó la mirada, sin querer, aunque queriendo que él también la hubiese visto. La sirvieron un vaso de cristal con ron, hielo y una rodaja de limón. Trituró la rodaja entre los dientes, y se mantuvo inmóvil, zarandeando el hielo con su dedo índice, sin beber. En mitad del gentío, dentro de un torbellino de movimientos, de personas levantándose todo el tiempo para bailar canciones bulliciosas y rodeada de sofás donde se hilaban caricias anónimas y besos clandestinos. Andó hasta conquistar la silla de madera y junco anclada junto a la ventana. Reinaba una noche despejada allá fuera plegada sobre el cielo de Barcelona. Rió sola. Reía sola casi siempre, era una chica delgada queriendo controlar su propia locura, discretamente infeliz. Mojó los labios en el ron para reunir coraje y poder clavar de nuevo su mirada en él, un chico tostado por el sol con pantalones blancos y camisa azul. Bajó otra vez la mirada, castaña también, y suspiró dejando caer los hombros, amoldando su tensa columna al junco de la silla. Sólo porque era sábado y no se quedaría, esta vez no, en casa parada entre el sonido del ayer, la televisión y el libro, siempre atenta al silencioso teléfono. Sonrió para si observando su alrededor, muy bien, felicidades, aquí estamos.
No es que estuviera triste, simplemente no sentía nada. Levemente, para no llamar la atención, giró el busto sobre la cintura, apoyando el codo derecho en el alfeizar de la ventana. Descansó el rostro en la palma de la mano y los cabellos lisos cayeron sobre su rostro. Para apartarlos, alzó la cabeza, y entonces vio el cielo. Un cielo tan claro como el zafiro, un cielo que no era el cielo normal de Barcelona, con una luna casi llena y Júpiter y Saturno muy próximos. Vista así no parecía tener vida, sino pintada sobre el paisaje como una acuarela de Botticelli. Sabía que no correría ningún riesgo varada allí, distante, remota, estática, pero entonces el chico de los pantalones blancos fue aproximándose sin que ella lo percibiese. Parándose a su lado. Vistos desde dentro, parecían ambos pintados en acuarela, pero vistos desde fuera, desde las ventanas de los coches que buscaban bares en aquella avenida, eran sombras chinescas recortadas sobre la luz roja. Y de pronto el rock agitado se detuvó y la voz de John Lennon cantó every day, every way is getting better and better. En el interior de la cabeza de ella sonaron cinco disparos, luego, la mirada endurecida de la chica se volvió hacia el interior del local chocando de súbito contra la mirada endurecida del chico. Las memorias que cada uno guardaba, que eran tantas, se trasparentaron tan nítidamente en sus ojos que ambos entendieron la situación. Fue entonces cuando él la tocó el hombro.
- Te gustan las estrellas?
- Quizá demasiado. A ti también?
- También. Estabas mirando la luna?
- Casi llena. Luna en Virgo.
- Mañana hará conjunción con Júpiter.
- Con Saturno también.
- Eso es bueno?
- No lo sé. Debe ser.
- Lo es. Como lo fue encontrarte.
(Silencio)
- Te gusta Júpiter?
- Si. En verdad “desearía vivir en Júpiter donde las almas son puras y las relaciones son otras”.
- Que es eso?
- El poema de un niño que va a morir.
- Como lo sabes?
- En febrero, él va a morir en febrero.
- Eh?
(Silencio)
- Tienes un cigarrillo?
- Estoy intentando dejar de fumar.
- Yo también. Pero querría tener algo entre las manos ahora.
- Ya tienes algo entre las manos ahora.
- Yo?
- Yo.
(Silencio)
- Como lo sabes?
- El que?
- Que el niño va a morir.
- Sé muchas cosas. Algunas ni tan siquiera sucedieron aún.
- Yo en cambio no sé nada.
- Te puedo enseñar a saber, pero no a sentir. No siento nada, desde hace ya tiempo.
- Yo sólo siento, pero no sé lo que siento. Y cuando lo sé no lo comprendo.
- Nadie comprende.
- A veces sí. Yo te enseñaré.
- Será difícil, morí en diciembre. De cinco disparos en la espalda. Tu también.
- Lo se, después abandoné el cuerpo. Tu ya saliste del cuerpo?
(Silencio)
- Tomaste alguna cosa?
- El que?
- Cocaína, morfina, codeína, mescalina...
- No tomé nada. Ya jamás probaré nada.
- Yo tampoco. Ya lo probé todo.
- Todo?
- La heroína tiene tratos con el diablo.
- El opio perfecciona la realidad.
(Silencio)
- Creo que estoy recordando. Usaba faldas coloridas y llevaba flores en el pelo.
- Mi trenza llegaba hasta la cintura. Las pulseras me cubrían los brazos.
- Algo se perdió.
- A donde fuimos? Donde nos quedamos?
- Algo se encontró.
- Y aquellos cascabeles?
- Y aquel perfume?
- Un día, de repente, el sol se fue..
- La carretera oscureció. Pero seguimos caminando.
- Sí. Donde está el Norte?
- No lo se.
(Silencio)
- Eres Tauro?
- Lo soy. Y tu, Capricornio?
- Lo soy. Lo sabía.
- Yo también lo sabía.
- Combinamos: Tierra.
- Sí. Combinamos.
(Silencio)
- Mañana partiré hacía Copenhague.
- Yo también, aunque para Cancún.
- Te mandaré una postal desde allí.
- Yo también.
- En mi tarjeta aparecerá una sirena suspendida sobre el mar.
- En la mía no habrá sirenas, sólo mar. Y una palmera inclinada.
(Silencio)
- Tomaré té de ayahuasca y te veré vestida de egipcia. A mi lado, mirando de perfil.
- Tomaré té de datura y te veré vestido de tuareg. Perdido en el desierto, ofuscado por el sol.
- Nos veremos?
- En tu té. En mi té.
(Silencio)
- Cuando llegué la noche y la nieve cubra las calles, me quedaré el día entero en la cama pensando en dormir junto a ti.
- Cuando esté muy acalorado, sentiré anhelos de balancearme sobre una hamaca y pensaré en dormir contigo.
- Te escribiré una carta que nunca llegaré a enviar.
- Intentaré recomponer tu rostro sin conseguirlo.
- Veré Júpiter y me acordaré de ti.
- Veré Saturno y me acordaré de ti.
- De aquí a veinte años volveremos a encontrarnos.
- El tiempo no existe.
- El tiempo si existe, sí, y devora.
- Voy a buscar tu olor en el cuerpo de otra mujer. Sin encontrarlo, porque lo habré olvidado. Jazmín?
- Romero. Cuando yo miré la enorme noche desde el Ecuador, pensaré si todo esto fue un encuentro o una despedida.
- Y que una palabra o un gesto, tuyo o mío, será suficiente para modificar nuestros guiones.
(Silencio)
- Pero no sería natural.
- Natural es que las personas se encuentren y se pierdan.
- Natural es encontrar. Natural es perder.
- Líneas paralelas se encuentran en el infinito.
- El infinito no acaba. El infinito es nunca.
- O siempre.
(Silencio)
- Todo eso es muy abstracto. Porqué no me invitas a tu alcoba para que durmamos juntos.
- Quieres dormir conmigo?
- No.
- Porque no es preciso?
- Porque no es preciso.
(Silencio)
- Bésame.
- Te beso.
Fue la última persona que vio al salir. Tan bonita que él bajó la mirada, sin saber porqué, aunque sabiendo que ella también lo había visto. Bajó por el ascensor con la llave de su casa en la mano. Zarandeó la llave entre los dedos, después mordió levemente su punta metálica, la trituró. Mantuvo sus ojos clavados en el suelo por donde pisaba, sin prestar atención a aquellos que asomaban sus narices o goteaban colirio. Andó hasta conquistar el espacio junto a la puerta de su casa. Oyó los ruidos cargados de jolgorio y acentos propios de la madrugada en los demás apartamentos, rió solo. Reía solo casi siempre, un chico tostado por el sol, con pantalones blancos y camisa azul, queriendo controlar su propia locura, discretamente infeliz. Se mordió la uña junto con la llave, acordándose de ella, una chica delgada de cabellos lisos junto a la ventana. Bajó otra vez la mirada, castaña también. y suspiró dejando caer los hombros, apoyándose sobre sus pies inseguros comprimiendo el inestable suelo del ascensor. Sólo porque era sábado, porque tenía decidido irse, porque las maletas aún estaban sin hacer y el teléfono sonaba sin parar. Sonrió mirando hacía su espalda.
No es que estuviera triste, simplemente no comprendía lo que estaba sintiendo. Levemente, para no llamar la atención de nadie, apretó los dedos de la mano derecha en la puerta abierta del ascensor y atravesó el zaguán helado, saliendo hacia la calle. Se apoyó en el poste de la esquina, el viento desordenaba sus cabellos, para apartarlos, alzó la cabeza, y entonces vio el cielo. Un cielo tan claro como el zafiro, un cielo que no era el cielo normal de Barcelona, con una luna casi llena y Júpiter y Saturno muy próximos. Visto así no parecía tener vida, sino pintado en un óleo de Buonarotti, nítido, paralizado y resaltando contra el fondo de la avenida, distante, remoto, estático, pero sin comprender. Sabía que no correría ningún riesgo varado allí, pero de repente observó a una chica asomándose allí arriba, a través de una ventana, gritándole alguna cosa que él no alcanzó a oír. Parado lejos de ella, la chica visible sólo de cintura para arriba parecía un títere de guante manipulado por alguien escondido, el chico apoyado sobre el poste y agitando la cabeza, una marioneta de hilos manipulada por alguien escondido.
De pronto un coche frenó justo detrás de él, lo espantó gritando “Maldito borracho, cualquier día acabarás atropellando a alguien“. Justo en ese momento, en el interior de su cabeza sonaron cinco disparos. Desde donde se encontraba no conseguía ver los ojos de la chica. Desde donde estaba, la chica no conseguiría ver los ojos de él. Pero las memorias de cada uno eran tantas que ella inmediatamente entendió la situación, desapareciendo de la ventana en el exacto instante en que él atravesó la calle sin mirar hacía tras.













