viernes 30 de octubre de 2009

ARCADIA


Todo sucede al contrario en Arcadia: Los gallos cantan al caer la noche, los coches avanzan marcha atrás y siempre llueve hacia arriba. Cuando llueve. A pesar de ello, la vida en Arcadia es considerada normal por todo el mundo. Los relojeros atrasan los relojes con naturalidad y las zanahorias crecen con las raíces vueltas hacía el sol, que en verano surge siempre a medianoche. Cuando sus habitantes nacen, los ancianos no dan mucho trabajo, pues saben que en breve llegarán a la edad adulta y que después de eso les espera una adolescencia repleta de sorpresas y delicias: El fin de la vejez sólo trae alegrías en Arcadia. El único problema de la ciudad son los descontentos. Si, hay descontentos en Arcadia, miles. Ellos se quejan de todo, no están de acuerdo con nada y creen que la vida de verdad está allá fuera, tras los muros que cercan la ciudad. Debido a eso, muchos parten cada año. Y no se dan cuenta de lo obvio: Irse de Arcadia, a causa de la propia naturaleza de la ciudad, significa volver a ella.


A. Carpallo.