
Estaré a la espera, te lo prometo, haciendo guardia hasta cualquier día de estos. Y entonces te atraparé, a la que salgas de tu casa, a la que llegues a la universidad, en el momento exacto en el que sueltes las manos de tus amigas y tuerzas la esquina, en el instante puntual en el que le lances un frío beso a la seráfica imagen que asoma en el espejo de ese escaparate.
Si, voy a estar allí al acecho; escondido detrás de cualquier armatoste gastado de mobiliario urbano, camuflado y confundido con el paisaje adyacente.
Y entonces, seguramente, me entrará el miedo, seré presa del pánico, pasaré a ser un paciente terminal. Me sentiré fatalmente avergonzado y descuadrado del ambiente, sin saber que hacer, si enfrentarme directamente a ti y encarcelarte para siempre o aparecer a tus espaldas sonriendo y “sin darme cuenta”.
Porque me gustas. Y me da igual tu reacción, aunque te inviertas contra mi con la furia de un toro de 700 kilos; sabré enfrentarme, mórbido y curioso, a esa inhóspita mirada tuya que anuncia el final de los días y que bien pudiera transformarme en estatua. Maldita Medusa!! Me dará igual que te reveles, que me lances en mitad de la noche una frase mortal y quirúrgica que me separe en dos.
Porque un loco de Amor no tiene nada que perder. Nosotros no tenemos visión periférica, de tan concentrados que estamos en el objeto de nuestra locura, el resto no existe y, cuando existe, no nos pertenece. Habrá sangre, drama y tempestad, pero bonanza al día siguiente.
Te lo juro... Voy a patrullarte perennemente; hasta cualquier otoño de estos. Y te apresaré en cualquier momento. De mañana o de tarde; me disfrazaré de noche y de pecado como un zorro esmerado; iré con mi mejor perfume y con mi mejor confianza, la fe no será precisa, y te alcanzaré dando saltos desde la acera de enfrente con la determinación de que tu brisa cerúlea no me revocará la marcha.
Te diblaré y te bloquearé el paso, te frustraré cualquier intento de fuga y te bombardearé con la evidencia de que siempre estaré en tu camino, de que sin mi te devorará el tedio y te prenderé alterando inesperadamente la química de tu organismo.
A principio, fingirás que no me conoces, sí, que no te sueno, y yo me reiré en tu cara porque ni aun así vas a ser capaz de engañar al destino. Porque sé que es lo que haces siempre, regatear a tu sino, aunque escondas que a veces te pierdes dentro de ti y sea entonces cuando me devoras entero, cediendo al hambre y al instinto.
Já!! Un día de estos ocurrirá, te lo juro. Y no imagino que te diré... Aún no llegué a esa parte, pero poco interesa. No tendrás porque sostenerme la mirada, saludarme o replicar, podrás hasta cerrar los ojos y fingir que yo no esté allí.
Da igual, cierra los ojos, si, cierra los ojos (dejaré que cierres los ojos, como hacen los niños cuando el pensamiento les huye). No será preciso que me veas, mi objetivo es unilateral, mi interés es puramente científico:
Sólo preciso descubrir a que temperatura te pones en ebullición.
1602008 - 160111 - ...
