- Buenas noches, pequeña.
- Buenas noches, desconocido.
- ¿No te da miedo andar sola de noche?
- ¿Debería? ¿Qué tendría que temer?
- A desconocidos como yo.
- Soy tan desconocida para mí misma como lo eres tu... Y no me temo a mí misma.
- ¿Y tampoco temes a los demonios de la noche?
- Los demonios que habitan en mi interior son más grandes que los de fuera.
Sonreí mientras me llevaba la palma de la mano al pecho. El desconocido rió tras mis últimas palabras y seguidamente dio una breve calada, soltando enseguida el humo, hacía mi. Sentí como aquella nube gris se estrellaba contra mi cara quemándome poco a poco.
- Entonces pequeña, ¿Estás buscando algo?
- En cierto modo sí, pero nada que pueda encontrar aquí, ¿y tú?
- Yo buscaba un lugar en el que pudiera estar solo, pero tu presencia acabó estropeándome los planes.
- Disculpa. ¿Quieres que me vaya?
- Acabo de encender este cigarrillo, y cuando lo termine, seré yo quien me vaya.
- Tal vez tu marcha estropee mis planes.
- Poco me importa, seguramente no sabes lo que realmente quieres, sin embargo yo si sé lo que busco y quiero encontrarlo.
- Y si yo te dijera que lo que busco lo encontré al verte, ¿Te quedarías?
- Tal vez...
- ¿Que harías?
- ¿Como?
- ¿Que qué harías si te dijera que eres lo que busco?
- Te besaría y diría que no se puede esperar algo exterior para completar el interior.
- "Aquí quede anclado esperando cierta nitidez venida de fuera", palabras de mi escritor favorito. Tal vez seas tú la nitidez que necesito.
- Pequeña, yo turbaría tu entendimiento hasta que terminases por ahí arrastrándote como si fueras un insecto inmundo, intentarías buscar alguna luz que nunca encontrarías, pero yo estaría cubriéndote los ojos con mis manos.
- ¿Y si te dijera que prefiero la oscuridad?
- Entonces te abrazaría y acabaríamos riéndonos de esos demonios nocturnos que para nosotros parecen tan insignificantes, permaneceríamos inmóviles con miedo a tropezar con algo a nuestro alrededor, seriamos uno la sombra del otro, pues mi cigarrillo engendraría la luz necesaria para generar sombras.
- Entonces quiero que te quedes.
- El cigarrillo ya se esta acabando.
- Yo necesito la oscuridad.
- Y yo otro cigarrillo.
Entonces empezamos a andar cogidos de la mano, miré el suelo lleno de piedras, esperando que ellas me mostraran algún camino, él miraba hacia el frente como si supiera exactamente hacía donde iba, como si conociera perfectamente el suelo sobre el que pisaba. Un mero alarde, en realidad él estaba tan perdido como yo.
A la sazón temí, dudé, me inquieté, dejé que una lágrima naciera, y cuando esta golpeó contra suelo, él arrojó su, entonces insignificante, cigarro al mismo tiempo, fue en ese momento cuando se colocó de nuevo frente a mi y pisó encima de la minúscula lumbre, borrando por completo el cigarrillo.
Yo ya estaba preparada para seguir caminando sola cuando percibí que sus pasos continuaban aún acompañando a los míos.
- El segundo cigarrillo se acabó, nada más nos retiene aquí, ¿No te vas? - Dijo él.
- No, porque la nube gris aún continúa quemándome... - Contesté.

160208 - 160211 - etc
